Dentro de la lucha de la mujer por lograr la igualdad de los sexos existe una problemática central que afecta a la sociedad desde hace siglos, pero que recién se pudo plasmar con palabras hace apenas 40 años y se conoce como brecha de género. Para definir su significado, “es una construcción analítica y empírica que surge de la diferencia entre las categorías de una variable en relación con las tasas masculinas y femeninas”.  Cuanto mayor es la brecha, mayor son las diferencias entre varones y mujeres. Cuanto menor es la brecha, más cerca estamos de la igualdad.  Esta brecha subraya las desigualdades existentes entre hombres y mujeres en cualquier ámbito, en relación con el nivel de participación, del acceso a oportunidadesderechos, poder e influencia, remuneración y beneficios, control y uso de los recursos, que les permiten garantizar su bienestar y desarrollo humano. Ésta se expresa en todas las áreas del desempeño, como el económico, social, laboral, cultural, sanitario, etc. Se funda en la jerarquización de las diferencias entre hombres y mujeres y se expresan de distinta manera dependiendo del área que se analice.

La pionera en utilizar este concepto fue la feminista estadounidense Eleanor Smeal, nacida en 1939,  quien utilizó por primera vez el termino brecha de género ("gender gap") en la década del 80 aplicándolo en la política, con el objetivo de explicar las diferencias existentes en el voto de hombres y mujeres en la política de su país y señalando que la brecha de género sería decisiva en la elección del nuevo presidente de Estados Unidos. Al respecto, Smeal desarolló su teoría al publicar en 1984 un libro donde explicaba su visión acerca de la brecha de género: "Cómo y por qué las mujeres elegirán al próximo presidente", donde identificó cómo la brecha de género se había metido también en la política.

La brecha de género en la producción científica

Por otra parte, la participación limitada de mujeres en la producción del conocimiento científico y tecnológico nos muestran cómo son las brechas de género existentes en dichos campos. En tal sentido, la invisibilización de las mujeres en la ciencia y tecnología, contribuyen a la desigualdad de acceso a la formación e investigación de carreras científicas.

En tanto, el análisis de la perspectiva de género comenzó a tener mayor presencia en los estudios sociales de la ciencia y tecnología desde que se asumió como problema ésta baja participación de las mujeres en éste ámbito. Al respecto, estudios se han enfocado en analizar la ausencia de las mujeres en la ciencia, como la desigualdad de su acceso a la formación y a la investigación, lo cual termina incidiendo en su ingreso y permanencia en carreras científicas, grupos de investigación y cargos de decisión jerárquico, entre otros. Aquí aparecen fenómenos como el “techo de cristal” o el “efecto Matilda”, que fueron tomados como referencia para interpretar la situación de las mujeres en la estructura científica mundial y para demostrar que aún se siguen presentando diferencias en el ascenso y permanencia en las carreras de especialización y posgrado. El efecto Matilda es un prejuicio en contra de reconocer los logros de las mujeres científicas, cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. Este fenómeno fue descrito por primera vez por la sufragista y abolicionista Matilda Joslyn Gage en su ensayo, «La mujer como inventora» El techo de cristal, por su parte, es la limitación velada del ascenso laboral de las personas dentro de las organizaciones. Este limita sus carreras profesionales, es difícil de traspasar y les impide avanzar. Es invisible porque no existen leyes o dispositivos oficiales que limiten explícitamente la carrera a las mujeres.  Por otra parte, en el plano educativo, las mujeres iberoamericanas son mayoría en las aulas universitarias pero la brecha aparece en el plano docente. Solo Cuba cuenta con más mujeres que hombres, mientras que en Perú, las docentes universitarias representan en 22% y en España menos del 43%. La brecha en la investigación se acrecienta en la empresa. En Argentina, solo el 27% de quienes investigan en empresas son mujeres, el Portugal el 29% y en España el 30%. En los centros públicos de I+D se registra la mayor paridad en todos los países, destacando Portugal, donde más del 60% de quienes investigan o desarrollan tecnología son mujeres.

Hasta acá dimos una visión general de esta problemática, en breve hablaremos de la brecha de género en nuestra industria y de la perspectiva desde CDA, donde año a año seguimos incrementando la participación de mujeres en nuestros proyectos y  áreas directivas.