Frente al progresivo avance de la tecnología y la robótica en las empresas, hoy se necesita más que nunca un líder con nuevas capacidades para guiar y acompañar a los equipos. Esta figura se antepone a la del jefe tradicional que, en medio de estos cambios, no tiene las herramientas para alcanzar los objetivos de la compañía.

Un nuevo desafío se presenta hoy a la hora de liderar equipos. En un mundo donde la inteligencia artificial y la robótica se hacen más presentes a cada paso, y donde el teletrabajo acabó por terminar de instalarse en las empresas, hay algo que sigue siendo imprescindible: las habilidades de liderazgo humano. Éstas, al contrario de volverse obsoletas con el avance y predominancia de la tecnología, se convirtieron en una herramienta vital.

El liderazgo es el talento o la capacidad de influir en las demás personas con el fin de guiarlos hacia un objetivo común, en este caso satisfaciendo las necesidades de la empresa para conseguir el éxito en los negocios de la misma. Un líder logra, mediante el interés por las personas, desplegar al máximo el potencial de los trabajadores, motivándolos y generando un clima confortable que se traduce en una mayor productividad y desarrollo del trabajo. Su importancia radica en los resultados que, producto de sus acciones y decisiones, se reflejan en el rendimiento de la compañía. 

Sin embargo, frente a los nuevos desafíos que plantea la era digital aparece la figura del “Líder siglo XXI”, quien debe aprender a dirigir desde la distancia con un equipo que está detrás de la pantalla. Para esto se vuelven fundamentales ciertas cualidades:

  • Adaptación ágil a los cambios: en lugar de luchar contra el cambio, tratar de implementar las nuevas tendencias y medidas. (tecnológicas o sociales) de forma eficaz para lograr un crecimiento.
  • Inteligencia emocional y empatía: para a entender y saber llevar las emociones propias y de los miembros del equipo, así como tener capacidad de escucha e intuición para con ellos.
  • Conocimientos tecnológicos: el manejo de las nuevas tecnologías actualizándose continuamente es clave en esta nueva era.
  • Comunicación transparente: comunicarse de forma más horizontal construye un mejor ambiente laboral.
  • Flexibilidad: adaptación a los tiempos, demandas y personalidades de los trabajadores.
  • Visión de futuro: debe tener una mirada estratégica anticipándose a las tendencias y a cómo afectarán a la organización.
  • Capacidad de observación y de aprender rápido: estar abierto al aprendizaje y la capacitación.
  • Amabilidad y colaboración: ser atento y sensible en el trato con los miembros del equipo, ayudando y aceptando los aportes de los mismos.
  • Asumir riesgos y tomar decisiones: reflexionar para tomar decisiones y, a su vez, tener valentía de enfrentar lo desconocido.
  • Impulsar la innovación: dar el espacio a los empleados para generar ideas nuevas y tomarlas, buscar maneras de mejorar los procesos.
  • Hacer énfasis en la sinergia: valorar la importancia del trabajo en conjunto organizado más allá de los atributos individuales.
  • Promover el crecimiento personal: motivar a sus empleados para desarrollarse, capacitarse y trabajar mejor.
  • Predicar con el ejemplo: ser el modelo a seguir en cuanto al desempeño laboral y los valores humanos.

 

Este nuevo líder posee conocimientos no solo de la teoría y la práctica, sino también de sí mismo, la sociedad, la tecnología y por supuesto, sobre la motivación. Pero para adaptarse es necesario auto someterse a un análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) para identificar qué competencias y hábitos debería reconstruir. Su reto es, en fin, enfrentarse al cambio continuo y amoldarse a ello ágilmente.

La figura del jefe de la vieja escuela queda obsoleta para los tiempos que corren. Ya no es beneficioso contar con una persona cuya función sea exclusivamente la de supervisar el trabajo y demandar resultados. Lejos está de cumplir con los ideales de la empresa alguien que en lugar de confianza inspira miedo, que toma el crédito por los logros y se limita a ordenar a sus empleados sentándose a la espera de los frutos.

Muy por el contrario, lo que necesitan las empresas hoy es la figura de un líder con mayor desarrollo de sus capacidades blandas. Alguien que sea parte del equipo, generando una cercanía con quienes trabaja sin quedarse mirando desde arriba, orientándolos y apoyándolos desde un lugar de guía y no de dictador, estando abierto a escuchar ideas y reconociendo las contribuciones. Debe ser una persona resolutiva, que conozca a sus empleados y entienda la importancia de la comunicación sincera y efectiva.

En medio del ambiente dinámico y cambiante en el que están insertas las empresas hoy, es necesario más que nunca un líder con las habilidades suficientes para administrar ese cambio al que la organización tendrá que adaptarse para sobrevivir. Además de ser el gestor de esta evolución empresarial, el líder del Siglo XXI será quien impulse y motive a su equipo de trabajo para que la compañía logre cumplir sus metas.

Para hacer esto posible debe fomentar a sus empleados para que tengan una misma visión y estrategia, acordes a los objetivos de la empresa, y así optimizar el trabajo en base a los mismos. Como resultado del compromiso y la innovación que siembra en sus subordinados, genera un mejor desarrollo de la organización junto con el aumento de su competitividad y la permanencia en el mercado.

Los principales desafíos a los que debe enfrentarse el líder del siglo XXI son, por un lado, aprender a trabajar con grupos heterogéneos distintos a él y entre sí. Por otro lado, incentivar la creatividad y la innovación en los empleados, abriéndoles el camino para aportar ideas y cambios que vayan en contra de la chatura en la realización de sus tareas.  A su vez, los modos y creencias que busca inculcar deben ser acordes a los valores de la organización.

El líder al que deben apuntar las empresas hoy es, entonces, quien logra que su equipo de lo mejor de sí y crea un clima de confianza, comodidad y entusiasmo. Cómo resultado de su gestión y sus incentivos contribuye fuertemente al crecimiento de la compañía, así como a alcanzar los objetivos a mediano y largo plazo.