El día a día en IT trasunta desde la resurrección de las viejas tecnologías y lenguajes hasta los nuevos surgimientos de los mismos que se dan en forma vertiginosa y carecen de una formación académica universal. Su conocimiento adopta dos caminos posibles: el empírico por el intercambio de conocimientos con otros, y la capacitación independiente, en algunos casos de poca calidad y en la mayoría de difícil entendimiento.

Mientras estos sucesos se producen en el aspecto humano, también existen nuevas situaciones. Las generaciones modernas vinculadas a las nuevas tecnologías, ven a su alrededor el empoderamiento de quienes tienen muchos años de trayectoria que como el ave Fénix resurgen de las cenizas.

Nuevos tecnicismos, resultan desconocidos según del lado en que se miren. ¿Cómo impacta esto laboralmente?

Aquellos formados en estructuras clásicas que aún quedan están activos, y por lógica razón cansados y poco dispuestos a imbuirse en nuevas cosas o en capacitarse para de alguna forma competir con los jóvenes. Por otro lado, tampoco existen muchos ámbitos formales, léase Universidades, Institutos de Formación que capaciten a los jóvenes de hoy en las viejas tecnologías y lenguajes.

Pero hay algo que se mantiene prácticamente inalterable y es “El Negocio”. Es decir, un Banco sigue siendo un Banco, una compañía de Seguros sigue como tal, una empresa de Medicina Prepaga tampoco cambió su esencia, han cambiado las formas, el entorno, la comunicación con los “Clientes Externos” de la compañía, pero el núcleo del negocio sigue siendo el mismo. Y paradójicamente, en muchos casos, por diferentes factores, como el financiero, el impacto del día a día, el volumen y peso de los componentes, su complicada reingeniería, el núcleo de procesamiento tampoco cambió.

Cuando nos referimos a Integración Generacional, hablamos de la creación de equipos de trabajo donde se aúnen los conocimientos del negocio y de las tecnologías que cada grupo generacional posee, con el objetivo de aprovechar todo aquello que cada profesional aporta en su tarea de tal forma de ampliar por ambos lados la capacidad productiva del equipo, eliminando aquellas barreras que involuntariamente se presentan y dan lugar a situaciones no deseadas.

Lo he vivido personalmente, unos se miran a otros con prejuicios y suspicacia, los jóvenes miran a los más grandes como cosas ya fuera de época. A su vez estos últimos ven ajena la utilización de nuevas herramientas, que no hacen más que tecnificar lo que siempre han realizado en su desarrollo profesional. Es decir, han evolucionado los elementos con que cuentan los profesionales, pero el desarrollo de productos, aplicativos y demás proyectos en su esencia no ha cambiado.

Erróneamente en algunas empresas desechan lo viejo porque consideran que lo nuevo es mejor, y no siempre es así, puede que lo sea, pero a veces sólo es distinto. Si las viejas tecnologías permanecen vigentes ¿Por qué dejarlas en el olvido? Hay que generar una estructura dinámica de capacitación que transmita de unos a otros lo que cada uno sabe.

Esto genera un beneficio intangible al momento de encarar nuevos proyectos, presentar un abanico generacional puede impactar de mejor forma ante quien lo solicita.

En CDA trabajamos para derribar esta barrera y fomentar la integración generacional y de los distintos conocimientos, tanto los clásicos como los modernos. Buscamos aprovechar al máximo cada talento, incluyendo el de quienes recorren el mundo IT hace más tiempo para formar a las nuevas generaciones.

Con este objetivo, dictamos capacitaciones en tecnologías productivas específicas para jóvenes donde se integran las experiencias de las distintas edades para inducir a los más nuevos. Un ejemplo es la formación en COBOL que realizamos en nuestro Programa Jóvenes Profesionales, donde nuestros talentos más modernos fueron instruidos en un lenguaje que acarrea una trayectoria de muchos años.

Es esta metodología de trabajo la que nos permite contar con equipos más ricos en diversidad, construir mejores experiencias y brindar soluciones de calidad.

Aaron Gerardo Golinski